jueves, 5 de octubre de 2017

Un año y un mes

Érase una vez una Eva a una birra pegada...






Te seguimos echando de menos, guapa.

Besos de tu Carmencita

jueves, 21 de septiembre de 2017

alguien a quien recordar



Ayer escuché que cada 7 segundos alguien enferma de Alzehimer en el mundo. Cada 7 segundos alguien comienza a perder sus recuerdos, sus vivencias, a volverse un poco más robot y un poco más agresivo, a no poder controlar lo que dice y lo que piensa,  ni sus movimientos, ni sus instintos.

Triste ¿verdad?

Hoy, día Mundial del Alzheimer, nos daremos una vez más de bruces con la realidad, con esa enfermedad que no tiene cura pero que si podemos empezar a evitar con simples gestos y “ejercicios de memoria” para poder prepararnos si alguna vez el interruptor salta y el off se convierte en nuestro compañero de viaje.

Mi abuelo tuvo Alzheimer y le vi apagarse poco a poco después de pasar por estadios varios como la necesidad de hablar a toda velocidad y sin sentido, la repetición de frases, el confundir unas personas con otras, la agresividad, la pasividad, la depresión crónica…

Él, que había sido un hombre enérgico (por decirlo suavemente), se había convertido en un bebé grande, sumiso, obediente, que esperaba a que le dieran de comer o le acompañaran a dar un paseo, que se agarraba a tu brazo y a tus ojos con mirada triste y casi perdida.

Ese hombre, que no había parado de trabajar un segundo desde que tenía uso de razón, ahora no era capaz de articular ni una de esas historias con las que a veces nos martilleaba la cabeza a mis primos y a mi… lástima no haberle grabado cuando todavía podía hilar una con otra o cuando me cantaba “chiquitita dime por qué” de ABBA… canción que siempre va acompañada de su recuerdo cada vez que la escucho.

Su recuerdo, sus recuerdos, ¿quién los guarda ahora? ¿Quién se queda con los recuerdos que los enfermos de Alzheimer pierden poco a poco? ¿Dónde van?
Existe un Banco de Recuerdos en el que hace ya algún tiempo reservé un cajoncito para mi abuelo Fausto y para sus experiencias, pero una vez más, la inmediatez de la vida, nuestra prisa por vivir, nuestro “lo quiero ahora” me hicieron olvidar su existencia.

Retomo hoy ese cajoncito e intentaré  hablar con la gente que le conoció, le quiso y hasta le “sufrió” para llenarlo a rebosar, y pretendo hacer uno para mí, para que mis tres cerditos tengan, un día muy muy lejano, donde abrir y encontrarse con la que fue su madre, para lo bueno y para lo malo.


#sigosiendoyo #Alzheimer #reinventandome

lunes, 4 de septiembre de 2017

Un año sin ti...


Una llamada.
Nubes negras,
agua negra,
negra noticia.
Imágenes en sueños.
Oda al adiós.
Solas dejaste a tus
islas.
Negro aniversario,
tristeza negra que nos dio el 
irte así.


Un año sin ti, se ha hecho duro

Besos, Eva

Tu Carmencita

lunes, 14 de agosto de 2017

Algunos días

Si, lo confieso, algunos días me tiraría por la ventana antes de terminar mi jornada laboral.
Y no hablo de la que comienza a las 8 y finaliza a las 15:40 h, no. Hablo de la que viene después. Los hijos, normalmente, son más difíciles de tratar que el jefe más despiadado y xxx (poned aquí el insulto más gordo que conozcáis) que podáis echaros a la cara.

Los nuestros (porque no son solo míos) han llegado a conocernos tan bien, que saben qué tecla tocar para que saltemos… o eso nos hacen creer, porque luego, te pones a leer un poco y te encuentras con personas que dicen que “los niños no son malos por naturaleza” si no que, como en la canción “el mundo los hace así”.

Y es que la forma de educar que usaron nuestros padres y que se dividía en:

-          EDUCACIÓN SEVERA: Control excesivo. Orden sin libertad (ninguna opción): “Tú lo haces porque yo lo digo”.

-          EDUCACIÓN PERMISIVA: Sin limitaciones. Libertad sin orden (opciones ilimitadas): “Puedes hacer lo que te apetezca”.

 Se ha quedado obsoleta con esta nueva hornada de niños digitales, inmediatos (con el “ya” en la boca todo el rato) y la paciencia como asignatura pendiente / suspensa.

Por eso, desatendiendo a mi  norma de “no mirar NUNCA en Internet”  te pones a “bichear” y aparecen cientos de referencias sobre una nueva forma de educar que se llama “DISCIPLINA POSITIVA, que se basa en la comunicación, el entendimiento y la empatía. No incluye ni el control excesivo ni la permisividad y huye del castigo.



Esta panacea, este remedio de todos los males parentales del mundo se basa en:

-          EL RESPETO MÚTUO: Los adultos tienen que aprender a educar con amabilidad y respetando las necesidades del niño. Sí, claro, cuando mi pequeño me llama “caraculo” porque no quiere venir a desayunar me está respetando.

-          APRENDER DE LOS ERRORES: Los errores son una oportunidad para educar. ¿Pero qué me están contando?  Si tienen la memoria del pez…

-          SIN CASTIGOS: El castigo es efectivo a corto plazo, pero tiene consecuencias negativas a largo plazo. Hay que enfocar hacia soluciones y no hacia castigos. Me parto, a veces he llegado a castigarles “a no respirar” y aún así me siguen tomando por el pito del sereno.

-          COMUNICACIÓN EFECTIVA: Hay que desarrollar habilidades para resolver problemas y conectar con el niño "¿Qué? Pero si cada vez que les hablas o les pides algo parece que estén “comunicando”: "pi, pi, piiiiiii"

-          SER ALENTADORES: Cuando alentamos, ponemos atención al esfuerzo y la mejoría, no simplemente al éxito, esto fortalece la autoestima. Jajajaja, me parto, ya me veo con los pompones diciendo “venga, animo, que tú puedes (en todo caso debería decírmelo a mí misma y a mi SANTO).

Llamadme retrógrada porque, como veis, soy un pelín escéptica con este tipo de educación, me suena a cuento chino, a “QUÉ BONITO EN LA TEORIA” pero que luego no funciona en la práctica.

No soy amante los cachetes, a veces se me escapa uno y termina doliéndome más a mí, porque a ellos, a los dos segundos se les ha olvidado. Y en cuanto los castigos, ya no sé qué inventarme, todo está ya muy visto, y por eso, al final, terminan no cumpliéndolos…

Me parece bien utilizar la firmeza y la amabilidad con dignidad y respeto, pero, sinceramente, no veo cómo lograrlo. Me parece MUY DIFÍCIL utilizar frases amables y actitud cariñosa cuando “se está regañando” y, por supuesto, no me veo capaz de hacerles preguntas para que me cuenten por qué se están comportando mal… ni ellos mismos lo saben… (¿para qué seguir haciendo sangre?)

Por otro lado, eso de que “juntos decidiremos las reglas que nos convengan a todos” me suena a chirigota gaditana, a chiste de Jaimito. ¿Desde cuanto tres “micos” (llamados así desde el respeto y el cariño) deciden como debemos educarlos su padre y yo?.


El caso es que voy a intentar #reinventarme usando lo que me parece bien de la “DISCIPLINA POSITIVA” mientras encuentro “mi propia versión de LA BUENA EDUCACIÓN” ( Y no hablo de la película de Almodovar, ah!, no, que esa era “La Mala Educación”… de esa podría escribir un Master).

Besos
Carmencita

viernes, 4 de agosto de 2017

once...

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Esta frase podría ser muy tuya. Eras una perfeccionista y te gustaba que las cosas se hicieran "a tu manera", todavía recuerdo como te metías con el POBRE JUÁN por el tema de la chimenea...
Cuanto te echamos de menos, Eva.

Besos de tu Carmencita.


viernes, 28 de julio de 2017

Mentira cochina

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Sí, eso es lo que hacemos todos al responder “en nada” cuando nos preguntan “¿en qué piensas” y mentimos como auténticos COSACOS.

Es terriblemente complicado “pensar en nada”, a mí no me sale, por más que lo intento, y sinceramente, es uno de los defectos que tengo, no poder desconectar y hacer que todo me la “refanfinfle” un poquito (gracias Detri por hacer de “me la refanfinfla” uno de mis estandartes ;)

Y es que yo tengo una mente que va por libre, que no me deja descansar ni cuando estoy en la cama… hay veces que temo despertarme porque sé que ya no podré volver a “conciliar sueño”, los pensamientos van y vienen, las ideas se revolucionan e intentan escapar para ser plasmadas en algún sitio y HALE!! Carmencita ya no duerme.

Por más que me empeño en pensar en un lienzo blanco, inmaculado, virgen… PUES NO, de repente me acuerdo de que tengo que terminar “cienes y cienes” de “movidas creativas” que tengo empezadas desde hace la tira de tiempo, que me queda ropa por ordenar, cosas que repasar, llamadas por hacer y mensajes por enviar…

Toda la agenda de tareas pendientes pasa por mi cabeza y mancha ese lienzo inmaculado, es más, se convierte en una de las sábanas que está en el cesto esperando a la colada… HORROR!!

¿Por qué no seré capaz de apagar y dormir a pierna suelta? ¿Es necesaria tanta actividad cerebral a esas horas de la noche? Es más, replanteo la pregunta ¿es buena toda esa actividad cerebral a esas horas de la noche?... Yo creo que no, pero, lo que yo crea a mi cerebro “se la refanfinfla”… y ahí le tenéis, dale que te pego, pensando y haciéndome pensar a mí.

Por otro lado, tengo que confesar que en esas horas de insomnio se me han ocurrido las mejores ideas de mi vida y he solucionado los problemas más peliagudos, así que, tampoco debería quejarme… una de cal y otra de arena (aunque nunca he sabido cuál de las dos es la mala y cual la buena).

El caso es que, una vez más escribo estas líneas para intentar #reinventarme y pretendo cambiar mi mentalidad activa nocturna para poder volver a sentir la sensación de placer y relajación y ver esa sábana blanca limpita, tendida y oliendo a flores silvestres.

Tendré que probar el mindfulness ;)


Gracias a :


y a



Por darme la percha para este post.


Besos


Carmencita

martes, 25 de julio de 2017

una gran idea

Viernes 21 de julio, una y media de la madrugada, radio sintonizando “HABLAR POR HABLAR” de la cadena SER. Francisco, 78 años (niño de la posguerra), habla desde Jaén, cabeza muy bien amueblada, culo pelado de viajar por el mundo obligado por su etiqueta de emigrante forzado (bando equivocado, necesidad de huir).

Ya os he puesto en antecedentes, pero me falta lo más importante, la idea que lanzó al aire, a las ondas… Había oído que 300 pueblos españoles se estaban muriendo por falta de gente y él emplazaba a las autoridades competentes a traer a todos esos refugiados que están huyendo de la guerra para repoblarlos.

Su idea me emocionó por lo sencilla y lo apasionante a la vez.

Toda esa gente, afinada en campos “de concentración modernos” repoblando pequeños pueblitos españoles, dándoles vida, haciendo que esos viejitos que todavía siguen allí se conviertan otra vez en abuelos de cientos de niños que derrochan amor y cariño por los cuatro costados.

Hombres y mujeres jóvenes, fuertes, deseosos de trabajar, de reformar casas viejas y abandonadas, de volver a reír y sobre todo con ganas de olvidar su pasado y comenzar una nueva vida, donde sea, donde les acojan.

Francisco no dejaba de repetir la misma frase “20 familias en cada pueblo podría ser el renacer de los mismos, ¿por qué no pueden traerlos para que esos pueblos vuelvan a vivir, para que esos habitantes que todavía quedan morándolos (el más joven de uno de ellos rondaba los 60 años) vuelvan a sentir que el pueblo se llena de gente y puedan vivir sus últimos años rodeados del bullicio que recordaban?".

Pues si Francisco, yo misma me iría ahora mismo a un pueblito de esos a #reinventarme, y a reinventar a mi familia.

A quitarle a golpe de aire fresco y naturaleza todo lo que tenemos de urbanitas, esa dependencia a los dispositivos móviles y digitales, esa prisa continua, ese no saber disfrutar de los pequeños momentos.

Ahora mismo me iría yo a un pueblito a disfrutar de la tranquilidad de ver a mis hijos crecer “asilvestrados” corriendo por las calles en bici o patinete, yendo al cole solos o a hacer “los recaos” como me mandaba mi abuela a mí, sin temor.

Ahora mismo, si, a cultivar una huerta, ordeñar una vaca (la de leche que beben los tres cerditos y el lobo, caray), a derrochar creatividad por los cuatro costados y a vivir la vida tranquila de los lugareños.

Y que me impide coger carretera y manta y salir corriendo del sitio donde vivo actualmente… EL MIEDO, si, un miedo atroz a no sé qué, a fracasar, a no saber gestionar bien lo que parece tan fácil y sencillo…

Muchos gurús te animan con frases como “el que no lo intenta no sabe si lo conseguirá” y ¿Qué pasa con el que lo intenta y no llega?

¿Qué pasa si consigo convencer a Mi Santo, los dos dejamos nuestro aburrido pero seguro trabajo y nos liamos la manta a la cabeza para emprender esta idea loca y no sale bien? ¿Qué pasa si saco a mis hijos de su colegio, de sus actividades extra-escolares, de su urbanización cerrada para llevarlos a un sitio en el que solo hay campo y aire fresco y no les gusta?

Y… ¿qué pasa si lo dejo todo cómo está? Lo veis, ese MIEDO a lo desconocido aparece otra vez.


Otra forma de #reinventarme

Besos
Carmencita