jueves, 21 de septiembre de 2017

alguien a quien recordar



Ayer escuché que cada 7 segundos alguien enferma de Alzehimer en el mundo. Cada 7 segundos alguien comienza a perder sus recuerdos, sus vivencias, a volverse un poco más robot y un poco más agresivo, a no poder controlar lo que dice y lo que piensa,  ni sus movimientos, ni sus instintos.

Triste ¿verdad?

Hoy, día Mundial del Alzheimer, nos daremos una vez más de bruces con la realidad, con esa enfermedad que no tiene cura pero que si podemos empezar a evitar con simples gestos y “ejercicios de memoria” para poder prepararnos si alguna vez el interruptor salta y el off se convierte en nuestro compañero de viaje.

Mi abuelo tuvo Alzheimer y le vi apagarse poco a poco después de pasar por estadios varios como la necesidad de hablar a toda velocidad y sin sentido, la repetición de frases, el confundir unas personas con otras, la agresividad, la pasividad, la depresión crónica…

Él, que había sido un hombre enérgico (por decirlo suavemente), se había convertido en un bebé grande, sumiso, obediente, que esperaba a que le dieran de comer o le acompañaran a dar un paseo, que se agarraba a tu brazo y a tus ojos con mirada triste y casi perdida.

Ese hombre, que no había parado de trabajar un segundo desde que tenía uso de razón, ahora no era capaz de articular ni una de esas historias con las que a veces nos martilleaba la cabeza a mis primos y a mi… lástima no haberle grabado cuando todavía podía hilar una con otra o cuando me cantaba “chiquitita dime por qué” de ABBA… canción que siempre va acompañada de su recuerdo cada vez que la escucho.

Su recuerdo, sus recuerdos, ¿quién los guarda ahora? ¿Quién se queda con los recuerdos que los enfermos de Alzheimer pierden poco a poco? ¿Dónde van?
Existe un Banco de Recuerdos en el que hace ya algún tiempo reservé un cajoncito para mi abuelo Fausto y para sus experiencias, pero una vez más, la inmediatez de la vida, nuestra prisa por vivir, nuestro “lo quiero ahora” me hicieron olvidar su existencia.

Retomo hoy ese cajoncito e intentaré  hablar con la gente que le conoció, le quiso y hasta le “sufrió” para llenarlo a rebosar, y pretendo hacer uno para mí, para que mis tres cerditos tengan, un día muy muy lejano, donde abrir y encontrarse con la que fue su madre, para lo bueno y para lo malo.


#sigosiendoyo #Alzheimer #reinventandome

3 comentarios:

  1. Hola, soy " la cuñada de la mayor". Mi contribución para ese cajóncitó: el recuerdo de Fausto como un LUCHADOR, ese osote grandote y algo tosco, si.Quiso dar lo mejor a los suyos y cogiendo su maleta, su esposa y sus tres retoños se plantó en Madrid, con una mano delante y otra detrás, para darles un futuro. Que dónde vais a guardar su recuerdo? Donde se guardan las cosas que importan EN EL CORAZON

    ResponderEliminar
  2. Pufff Carmencita. Imposible leerlo todo menudada llorera mis dos abuelos maternos tuvieron Alzheimer hasta que de apagaron como una vela. Horrible enfermedad, durisima... les echo mucho de menos y siempre en el recuerdo. Hablandoles a mis hijos de ellos. Hubiera dado lo que fuera por su vitalidad con mis niños Noa e Ivan 2����

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se me olvidaba la curiosidad, soy atea pero estas cosas a veces me hace replantearme según que cosas ayer hizo un año que falleció mi abuela (mi iaia para mi) y tambien en este día mi iaio (su marido) habría cumplido 92 años.

      Eliminar